Poderosa como puede presentarse…

7 Abr

Poderosa como puede presentarse la palabra, cede en cuanto a intensidad refiere, a la imagen. No se extañe el poeta que su arte, imite en parte a la visión humana. Y es que es orgánico en nosotros ver para creer (creer siendo, existir). Entender los alcances y limitaciones de esta forma de expresión, nos presentará una ventaja.

No nos inclinemos por la falsa noción de que una imagen vale mil palabras. La visión correcta es intensa y puede marcar una vida. Por otro lado, nuestros vocablos siempre expresan algo, están siempre entre fondos grises y ternos comunicando alguna vaga relación. La imagen de una palabra tiene sonido y sentido. No tratemos pues, de leer literalmente las formas visibles pues la lectura no corresponde a todas. La distancia entre pintura y escritura es esencial.

Encontramos en nuestra vista, menos claridad pero mucha más intensidad. Esta idea de la experiencia se ha transformado, pues nuestra sociedad explora cada día la extensión entera de la tierra. Alguna vez fue sencillo vivir sin conocer la forma de un elefante. Hoy yo puedo abrazar esa imagen, abstraerla hasta crear toda una genealogía de elefantes -razas nuevas o extintas-, sin jamás haber tocado uno. Es una relación de vista completamente extraída de la experiencia verdadera. Si se quiere, hablamos de ficción visual como haríamos de la ficción literaria.

Es válido interrogarse el por qué ciertos animales se han asimilado en nuestro panteón de imágenes de lo salvaje. No sé si usted pueda figurarse irreflexivamente una comadreja o un pájaro campana. Es bastante probable que pueda darle forma a una ballena arquetípica, aunque no pueda inscribirla a una raza ni a una costumbre social de dichos animales. Tampoco podría recorrer una ballena de un golpe de vista, gracias a su inmensa extensión física. Ya comenzamos a rozar la noción de imaginación, de formarse imágenes abstrayendo a partir de lo que hemos visto.

Hay cosas de los tiempos que han cambiado. Se nos bombardea de imágenes por los medios, el cine y la modelación tridimensional son empleados cotidianamente para comunicar ideas, la publicidad nos bombardea con códigos visuales. Seguramente les sucede que una sola mirada puede determinar la diferencia entre una obra de arte y un afiche publicitario -no contando el arte moderno-. Esto es porque vemos ya tanto, que los códigos nos llueven en las manos. Al grado que la literatura se sirve de códigos visuales para añadir sentido a los escritos. La práctica no es sorprendente, mas pide reflexión sobre la imagen.

Sobreexpuestos a la imagen, su fuerza sensorial se ha fatigado. Sigue sirviendo, por supuesto, pero los maestros de la imagen -pensemos particularmente en el cine-, ya han notado que ocultar muchos veces intriga y apasiona tanto o mas que mostrar las cosas. Es un método válido debido a que la imagen es poderosa en gran parte por nuestro imaginario y la capacidad humana de abstaer. Pensemos que Darth Vader viste con una máscara, y de cierta forma se deshumaniza, fundiéndose con la idea misma del mal, a causa de este caracter impersonal.

Insistiré en que nuestro campo visual no sería capaz de cubrir la estructura total de una ballena. No es la vista real lo que interrogamos al discutir el poder de la imagen, sino nuestra capacidad de generar visiones diversas. El cine nos ha permitido ver objetos más grandes que la tierra, ver un ojo humano magnificado a talla imposible y fabricar paisajes insensatos. Nos podemos remitir sin duda al cine por la manera en que introdujo al imaginario literario, ciertas recetas y fórmulas del código fílmico, cosas que en realidad no reproducimos en la literatura y que nos encantan -no todo fenómeno óptico fascina, el telescopio es apenas una extensión del ojo, pero no replica cosas que la vista humana no puede tocar, al menos hasta la introducción de la fotografía especial-. Si es inválida la vieja proposición de que la poesía es escritura imaginada -que sirve a la imagen-, es porque la imagen tiene sus propias funciones poéticas. Popular es la narración cuando la ejerce el cine, no menos legítima sería una poesía visual -ya existe, ¿la conoce usted?-. Mas evidente debe ser la función poética dentro de la fotografía.

Compartiré dos precisiones sobre el hombre como ente voyeurista. Esto remite al natural humano, somos animales de vista como hay animales de oído -la ballena, el elefante- cuyo carácter cultural no puede remitirse al nuestro. Por fuerza de sensibilidad, los adornos elefantes no serían extravagancias de lo visible, sino juegos de eco y palos de agua. Si nos importa este fundamento es por la información que provee, tanto importa conocer la inclinación estética del hombre, como otras estéticas inhumanas. El arte crece por su periferia. Mi segunda precisión es que los usos de la vista y la imagen en la literatura va más allá de la descripción. No podemos negar la importancia de la focalización, la geografía, la cartografía, el teatro o el comic. Un libro interesante a proponer al discutir la importancia visual, es Das Perfume de Patrick Süskind un trabajo que busca magnificar la literatura por la experiencia de otro sentido que no es la vista.

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