Sean intentos, no intenciones

4 Abr

Durante mis estudios literarios -he sido de los desdichados que se han embarcado en ese extraño propósito-, tuve el buen tino de leer los Ensayos de Montaigne. Y es que he olvidado el ejercicio de esta lectura exigida pero recuerdo el sistema del francés con un sincero afecto. Veo en estas obras –les Essais- una buena referencia a lo que hoy en día vemos en un blog y no puedo evitar, sentirme un poco aludido.

No los fatigaré con la historia de Montaigne. Sus ensayos dieron origen al género que conocemos como ensayo, y más o menos contenían diversas opiniones -con buen humor- tratando diversos temas filosóficos o de actualidad que se cruzaban enfrente del autor. Incontable número de intelectuales y otros no tanto, se han embarcado en tareas análogas, mas pocas veces con la originalidad y elegancia de este autor. No en vano le ha valido su fama.

Decimos, cuando entramos en este género, ensayar algo. Es un intento, no un tratado clásico sepultado en ortodoxia academica, por eso mismo hay humor y tranquilos errores.  No sumirse en la pretensión universal, funciona porque el ensayo es el género de la comunicación por excelencia. Yo digo. Toda la subjetividad de ese “yo”, debe asumir y fomentar la idea misma del “decir”. Porque ya en el habla y la persona se inscribe la capacidad de discutir un tema se trate de lo que se trate.

No obstante, la gente hoy quiere oir a los expertos ¿no? Cuando la literatura pasea entre la opinion, los vicios que genera la recepción de periodismos actúan en la buena lectura. A lo mejor me salgo algo del tema, pero me parece que los lectores de las noticias son malos lectores. Aceptan igualmente la palabra de oradores que no saben nada (periodistas, presidentes), como exigen calificación para merecer ser escuchados (los susodichos expertos). Admito que me ha horrorizado oir gente decir “solo leo libros buenos”. Es una posición comprensible. Lógica. Mas dejar la determinación de un buen libro a quien quiera que es el experto de la materia no es la fórmula que funciona en este respecto. En fin, me salí de tema dos veces, de vuelta al ensayo.

Un primer buen motivo para leer el género ensayístico es para perderle el miedo. Mucha de la mejor literatura se escribe así, aunque no se halle siempre tan emblemática. Es importante el ensayo porque junto con la poesía, es un texto de uso cotidiano. Mientras más se le lea, seguramente más se escribirá, y creo que hoy con internet y todo, es fundamental.

Es evidente cómo practico el ensayo en este blog. Pasa que dedico la mayoría de mis observaciones al mundo sensible -artístico si se quiere-, y a la literatura, pero obviamente no hay límites cerrados para trabajar el ensayo, porque la literatura se nutre mejor mientras menos cerrados sean sus límites. Mejor razón para justificar ensayos de los más variados temas, con los más diferentes autores e intereses. No todo el mundo puede gozar una novela de 400 páginas, sin embargo pocos se negarán a escuchar mil palabras de un tema que aman y les atañe. Si produzco ensayos, es porque se prestan para la redundancia de un ritmo sostenido, un poema diario se puede trabajar, una narración diaria aunque fuese corta, consumiría más tiempo del que dispongo. Por la ley de lo más fácil, escribir ensayos no es arduo y puede ser feliz.

Recordemos que la existencia de diversas literaturas, responde también a un modo de vida determinado. Estoy seguro de que se pueden hacer poemas desgarradores y hermosos sobre el skating, la moda y la lucha libre. Cada modo de vida, permite alguna literatura, alguna manera de hablar que en nuestra lúcidez puede recordarnos las razones felices de nuestra situación vital -recordemos que incluso el miserable dolor puede gozarse-. Por las exigencias que requiere la creación y el interés de dicho arte, que a la vez implica a los amantes del tema como del arte en general, pero también los excluye, es arduo que llegue a las manos de quien pueden amarlo o entenderlo. El ensayo se nos presenta como la comunicación directa y efectiva entre personas de intereses convergentes, también es la divulgación de elementos desconocidos como el cuestionamiento de verdades existentes.

Se deberían hacer ensayos sobre todas las cosas, y para nuestra sorpresa, muchas veces se hacen. Las llamadas sub-culturas han generado sus propios tipos de ensayos, conteniendo juicios de valor, fundando nuevos tipos de canon y comunicación que raya en lo extra-literario. No extra-literario por que le falten cualidades, sino que la red de discusión está viva y sobrepasa la respuesta unidireccional de la literatura -del escritor al lector-. Tenemos una capacidad innedita de respuesta, y ningún formato de discurso es tan permisible con las adiciones que el ensayo mismo. Lo dicho por un ensayo, se complementa, se discute o se contradice, con una facilidad que debe fomentarse.

Porque somos de la era del nuevo ensayo. La era del complemento, de la discusión y la contradicción.

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