Se sabe que en el habla…

3 Abr

Se sabe que en el habla transferida, un tipo de comentario o voz que se le entrega a un personaje ficticio que por una u otra razón, debe admitir “defectos”, dichos errores no se achacan al escritor. Es el caso en la realidad, donde el dominio ortográfico está más inclinado a la excepción que la regla, aún sin contar la trágica caída de calidad que las instituciones académicas nos muestran hoy día. Veamos más de cerca este fenómeno (no el de la escuela)

El mal hablar o incurrir en errores voluntarios ha sido una tradición institucional del género cómico. Las obras de teatro de Lope de Vega -pienso en La dama boba-, ya empleaban este sistema con juegos de palabras y malos entendidos. El teatro clásico, especialmente en su forma más popular, relacionaba una manera de hablar con un determinado rol y también una clase social, esto último seguirá bastante vigente en la literatura moderna hasta la actualidad. Pongo énfasis en estas dos características: El orígen popular del teatro en cuestión y la relación entre el registro y su función.

Nos interesan estas nociones porque incumben otro género literario de larga vigencia: Los chistes populares. Alguno conocerá el estilo de bromas que asume que las personas de tal o cual región son tontos, en los cuales se juega con acentos y maneras de hablar. Si bien se pueden desenterrar tradiciones racistas o regionalistas, también se da cuenta un fenómeno igual de natural y comprensible: La capacidad lúdica del lenguaje. Los acentos exóticos suelen ser graciosos, las costumbres extranjeras incomprensibles o confusas, lo que acompaña fácilmente al humor. Se crea así, el rol del tonto extranjero que más que representar su origen trata de asimilar todo lo que refiere a lo ridículo. Además el chiste funciona con un registro, el cómico tiene que tomar un determinado tipo de discurso para lograr el mejor efecto de sus palabras. El arte de los registros está ligado al habla popular y esto es perfecta evidencia de que no se necesita entrenamiento alguno para ser comprensible.

El mismo teatro de Lope funciona con un segundo nivel de registro, no solo el habla de los nobles, los ricos, los pobres o los extranjeros; también hace una diferencia con la métrica. Sí, me refiero a la métrica que cuenta el número de sílabas de una frase y considera el tipo de rima al final de cada línea. Durante la producción de Lope, el teatro era un entretenimiento popular como la televisión o el cine -cualquier aproximación de géneros es un poco falsa, pero también algo cierta-, y los cambios de métrica que ahora nos parecen tan distantes y ajenos podían ser percibidos con gente sin ninguna educación. Hemos perdido el sentido de la rima. Tan solo el siglo pasado la idea de una prosa “rimada”, entiéndase, con ritmo, era la espera estética de una obra bien realizada. La espectativa cambia porque los registros no son objetos fijos sino que responden a aquellas ideas que aprendemos y procesamos. Hay parte del registro que se aprende y otra que es innata, pues así funciona la literatura, la técnica no se enseña pero se aprende.

El origen popular de los registros se ha mantenido entre sus usos recurrentes. Creo que el ejemplo proverbial es hablar de un campesino cuyo habla es fragmentario para explicar un cierto tipo de registro. La presencia cada vez más preminente de los extranjeros y los distintos idiomas se nos han vuelto otras razones “realistas” para hablar de distintos modos. El siglo veinte nos trajo un voluntarioso atentado artístico que optaba por la destrucción del lenguaje, alguno de estos ataques se jugó al nivel del registro. Otro fenómeno ha sido la creación de registros artificiales, como Anthony Burgess hizo en su célebre A Clockwork Orange. La evidencia se mantiene en el nivel de que los lenguaje posibles, comunes o literarios, son numerosos y cambiantes; si hoy día alguien emplea un discurso como los de Lope de Vega, se hundirá en arcaísmos y frases que hoy no tienen más sentido.

El registro es una de las bases de la narración, pero sin duda la voz poética se sirve con diversos fines. Pensemos en que la literatura es un arte del idioma, y que la variedad de registro es un valor tal, que acaso no puede encontrarse en otras artes renuentes o incapaces de expresarse con el texto. Otras artes han tratado de tomar prestado valores de comunicación análogos: La pintura puede tomar la estética del afiche publicitario, que se asemeja a un registro visual. Pero también puede decirse que cierto tipo de afiche es un género, esta diferencia no nos parece tan marcada en lo que concierne a la imagen, mas el lenguaje suele oponerse a la reconciliación.

Para terminar quiero ligar al tema del registro a dos ideas mayores: Su diferencia esencial con lo que se conoce como el género y la función que sirve para permitir al autor cometer errores. Si un campesino habla mal, ¿no es también una oportunidad para que el escritor escriba mal? ¿hay alguna utilidad en cometer errores voluntariamente? ¿siquiera existen los errores en el arte?

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