Lease: Sin sentido

29 Mar

Si uno se interesa un mínimo en el lenguaje, encontrará casi inmediatamente que es natural entender sus sutilezas y variaciones. La mente humana está programada con la capacidad de la gramática, de que el orden de las palabras altere el sentido mismo. Por estos principios encontraremos la idea de una literatura primitiva, una manera de distinguir una cosa de otra por cómo se menciona.

Se le exige a cualquier literato la maestría de al menos una lengua. Por limitaciones convencionales ese idioma “debe existir”, también ha de ser comprensible. El dominio debe ejercerse por la elegancia y precisión de la palabra, no es una cuestión de ortografía, es una suerte de forma para lograr cierto impacto en el lector. Hoy día los métodos predefinidos para manipular al lector existen, pero estos no bastan para limitar la literatura.

No obstante, es posible aunque poco prácticado, que un escritor domine más de una lengua, y escriba en varios idiomas (a la vez o alternativamente), su obra literaria.  La interrogante a veces lanzada en este caso es, ¿por qué hacerlo así? Barriendo voluntades documentales o exigencias realistas, usar más de una lengua rompe nuestro regla de simpleza que hace a la obra “comprensible”. Se puede discutir si acaso varias lenguas permiten diferentes literaturas.

Pero sean válidas o no, la maestría en más de una lengua nos permite -válgame la redundancia- comprender la comprensión. La gramática de todas las lenguas vivas es de cierta forma, instintiva para su escucha. Contiene elementos simples que pueden dividirse, identificarse y apropiarse cuando uno los maneja. Las diversas lenguas ya nos presentan un abanico de posibilidades técnicas que la literatura primitiva ya utilizaba. También diversas maneras de hablar pueden asimilarse a distintas formas de pensar.

En la evolución del indoeuropeo -una lengua teórica, ancestra igualmente del latín y los idiomas sajones-, nos representa una adopción curiosa. La existencia y en muchos casos la pérdida de los modos verbales conocidos como “perfectivo” e “imperfectivo”. Un ejemplo de una lengua que aún posee estos modos es el ruso. La idea detrás de ambos modos puede pensarse utilitaria, mientras que el perfectivo te coloca frente a la acción terminada, el imperfectivo describe su verbo como un proceso aún en curso. En sí, tales conceptos se conservan de algún modo en nuestro idioma. Los verbos morir y agonizar se consideran sentidos diferentes.

Los modos mencionados postulan divergencias en el pensamiento humano que se puede hallar en la historia de la filosofía, el perfectivo que mira a la experiencia cumplida parece más propio a explicar el universo como un conjunto de fines y consecuencias, el imperfectivo nos coloca en un mundo más o menos homogéneo donde los objetos pueden o no, perdurar. Sería engañarse pensar que estas formas verbales compiten entre ellas, una verdad más seria es postular que por sí mismas son incapaces de expresar una realidad con forma y sentido, y buscan complementarse. Igual las dos te presentan casos inexplicables o sin sentido, pues el lenguaje no puede describir cosas que no entiende el hombre. ¿Puede describirse la acción de vivir como una acción terminada? Hablo de transponerla a una noción como “lograr vivir”, pues la noción de proceso escapa la forma “clásica” del perfectivo. Noten que como conocemos la realidad, no es arduo encontrar sentido a estas frases que salen de nuestra semántica clásica por reglas rígidas.

Y bueno, estas reflexiones pueden trasladarse fielmente a la literatura, hay funciones que no existen en el lenguaje cotidiano y deben tomarse prestadas, a veces necesita comunicarse algo que el hombre no entiende sin el lujo de las poco esclarecedoras filosofías. La gramática y las reglas rígidas solo nos quitarían, en esta visión, capacidades expresivas. Atacarían la naturaleza de nuestra lengua que es funcionar directamente en la química del cerebro y ser entendible.

Perfectivo e imperfectivo son para mí, además de reglas gramáticas, buenas herramientas de reflexión. Si nos quedamos en el tema literario, sugieren una lectura particular. Buscaríamos entonces, los elementos de un texto o concepto que se describen como un proceso y aquellos que son finales, acciones terminadas. El juego sería que sin ambas nociones, hay sentidos que se pierden, pero que pueden oponerse la una a la otra o ser muy inconsecuentes en ciertas definiciones. Para dar cuenta de una realidad completa ambas condiciones deben poder describirse. Daré un ejemplo de este tipo de lectura.

¿Cuál es el fin de la literatura? (trato de ver su parte perfectiva) Pues, lo que ha logrado es la producción de obras literarias, la divulgación del pensamiento humano y cierta felicidad que viene con cada texto.  Mas es claro que la literatura es procedural, se sigue reproduciendo y alterando desde que uno entra a ella hasta que perece sin ella. Como proceso, no conocemos la muerte de la literatura, aquel objeto que es equivalente a perecer para nuestra vida. Entonces como objeto, la literatura no sería propicia a ser definida en términos de fines y metas. Pero claro, la literatura tiene ejes, verdades que son buscadas por quienes la leen o la producen, el detalle es saber si estos bastan para definir toda la realidad de lo que es literario, si su conjunto da como resultado lo que leemos.

Mi lectura sugiere que no, usted podrá tener otras.

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