Influnciancia

25 Mar

El control mental es un concepto literario. La levitación también, pertenece a los métodos mágicos que se encuentran en casi cualquier narración sin verdaderamente rendir cuentas a la realidad, por esto se vuelve un símbolo. Puede parecer absurdo que la libertad de la realidad transforme a las cosas en símbolos, aunque con toda certeza los conceptos son próximos: el símbolo trata de comunicar y tener valor independientemente de la materia, es una idea libre de su cuerpo por excelencia. Por analogías llegaremos rápidamente a la conclusión de que el control mental es también propiamente hablando un símbolo.

Muchos fenómenos religiosos, metafísicos y espirituales vienen originalmente de algunos fenómenos de la química cerebral. Sabemos que el uso de ciertos alucinógenos formaba parte de los ritos que se ligaban a los dioses y a la profecía. Los sueños que son pese a su influencia terrible en nuestra memoria, se clasificarían cómodamente en este tipo de fenómenos físicos fundadores. El control mental se asimila al trance hypnótico, entièndase, el estado de trance en el que un individuo es especialmente vulnerable a la sugestión. No tiene por qué tratarse de una hypnósis clínica, por supuesto, el método positivo de reproducción científica es innecesario para el fenómeno universal de la observación, el hombre antiguo pudo hallarse en un estado de transe por un sinúmero de razones incidentales, podemos remitirnos simplemente a ciertas variedades de sonambulismo donde uno puede interactuar con el sueño del durmiente.

El estado mismo del sueño tiene mucho que ver con la sugestión mental, uno llega a pensar que los aspectos del sueño realmente existen, y reacciona a ellos como si así fuera. No es sorpresivo que el sueño se relacione con la lectura y la formulación de símbolos, pues la abolición del espacio físico se halla aquí, y los valores están sobreentendidos para el que sueña, de modo a que con ellos puede interactuar.

Controlar la mente de un individuo es conjugar dos tipos de sueño simultáneamente: aquel que duerme sueña que se trata de nosotros y que sigue nuestra voluntad como si de la suya se tratase, o análogamente nosotros soñamos que nuestro espíritu se halla en el cuerpo de la otra persona y que podemos afectar la realidad a nuestro favor desde esa posición. El control mental supone, para empezar, que uno tiene control sobre la propia mente. Por eso la idea de la autosugestión o la hypnósis clínica es mucho menos transformables en símbolos universales, parten del hecho comprobable de que nuestra mente es una ilusión fracturada y no puede relacionarse con sí misma sin ciertos estímulos exteriores.

El control absoluto de la mente consistiría en algo similar a colocar el pensamiento de otra persona sobre la estructura física de un cuerpo, efectivamente “borrando” la mente de la víctima de manera provisional. ¿Dónde reside esta mente invasora si sabemos que el órgano cerebral no sufre transformaciones físicas? La lógica nos forzaría a ver este agente alojado en un sitio interior, sea etereo o en una comunicación constante con el cerebro -la comunicación sería por fuerza eterea, pues el cerebro no posee receptores síquicos y la información presumiblemente enviada a ella no tendría por donde interpretarse-. Básicamente, en un modelo materialista del universo el control mental es insaldable, pues la mente se encuentra alojada en la materia gris, que es frágil y está aislada.

Pero la supresión temporal de la voluntad es un fenómeno literario, la acción misma de leer supone la suspensión de cierta naturaleza del cerébro lector para acoplarse al hecho objetivo que se halla frente a él: la obra. Un escritor intentaría pues, controlar la mente del lector para que se transmute hacia su mismo pensamiento, como si el lenguaje pudiera verdaderamente constituir en sí mismo una mente. Algunos escritores, más pragmáticos, juegan simplemente a influenciar por medio de la sugestión, los cuentistas tienen en el arte de sus palabras, arte para suspender la voluntad del escucha.

Otra evidencia de la voluntad de suprimir la voluntad mostrada por el escritor es para con sus personajes, uno presenta ciertos individuos hipotéticos cuyo destinos y actividades supervisa y controla. Una escuela de escritores más inclinados por la realidad de lo ficcional, admite que el escritor catártico permite que sus personajes lo controlen y él les presta su pluma para comunicar la voz original de cada personaje.

Hemos evitado voluntariamente la cuestión ética del tema en cuestión, primeramente porque la ética de un acto imposible propone un sistema precario que necesitaría ser fundamentado propiamente, luego porque me parece un buen ejemplo a futuro, de una discusión primaria entre la ética y la estética, lo que me lleva a interpelarlo lector a saber: ¿el bello el control mental?

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