Desborde en simples términos

22 Mar

Para celebrar que ayer fue el día mundial de la poesía, vamos a hablar de poesía. Sí, me imagino que parecería más lógico haber tratado de poesía ayer, ya saben, cuando era el día mundial de la poesía. Admitamos simplemente que ya había subido un escrito entonces y que no me dieron ganas de subir dos el mismo día.

Poesía, explicación simple: El uso del lenguaje con fin estético. Obviamente las explicaciones simples están llenas de falacias, pero guarden esto en mente: La estética funda y define la poesía, casi todas sus otras características pueden dejar de existir en un momento dado.

La poesía fue, hace un montón de tiempo, un tipo de canción, un tipo de ruego religioso. El hombre “primitivo” era en cierto sentido, infinitamente más sensato que nosotros; para él una misma práctica podía ser muchas cosas a la vez, la religión era ley, arte e idioma. Esta mezcla no le presentaba ningún conflicto o problema. Por pura herencia histórica, cuando decimos poesía tratamos al lenguaje como una abstracción mucho más rica que nuestro concepto normal de idioma, es la palabra con todas sus prescripciones estéticas, morales y culturales. El idioma con esteroides.

Hay un problema con los conceptos ricos, son más difíciles de explicar. La ciencia, por ejemplo, trata de reducir la ambigüedad para ser enteramente comprensible y enteramente análoga. En ese proceso, las palabras borran su sentido. El lenguaje comunicativo pues, destruye ideas antes de formularlas. Comunicar algo “convencionalmente”, tratar realmente de explicar algo, es destruir su sentido. Por eso la poesía nunca o rara vez, trata de explicarse a sí misma.

Pero bueno, estábamos con los conceptos ricos. Se trata de ideas que rechazan los principios de lo simplemente “razonable”, podemos permitirnos guardar sentidos contradictorios o falaciosos dentro de un concepto rico, esta descripción no cambia la realidad del objeto -la palabra física no se altera-, sino su irrealidad, su concepto. Intentaré dar un ejemplo: El amor. No se puede describir fielmente al amor utilizando formulas reductoras como la ciencia; existen en el amor, la pasión, el suicidio, el cariño, la costumbre, los celos, el interés, la genuina curiosidad, el desamor etc. Los celos son a la vez una prueba de amor y de desamor. La poesía es la parte del lenguaje que trabaja con los conceptos ricos -otra definición mía, probablemente errada y pobre-.

Otro ejemplo: Correr. Ningún verbo tiene un verdadero antónimo, quiero decir, una palabra que realmente se le oponga en fuerza y sentido. No existe, por ejemplo “descorrer”. Existe la ausencia de la acción “no correr”, podemos imaginar una corrección de la misma acción, que sería regresar al lugar de orígen, neutralizar el desplazamiento físico causado por correr. Pero admitamos que lo que hicimos no fue tanto descorrer, sino correr dos veces y en direcciones diferentes. Dependiendo del tipo de oposición que elijamos -si queremos por ejemplo, que descorrer dependa de remontar la dirección en la que corrimos-, usamos elementos reductores para dar un sentido lógico a nuestras frases. Ese sería un proceso del lenguaje que se opone a lo poético. La poesía, ella, está perfectamente cómoda con el hecho de que descorrer sea una imposibilidad semántica.

Y es que es una elección enteramente práctica. El ya mencionado hombre “primitivo” no hacía la distinción entre idioma, ley y religión porque se trataba de una división vacía, que en su contexto no tenía sentido y solo traía fatiga; en la práctica, saber cada reflejo cultural parte del mismo sistema era lo fundamental, lo importante. La poesía es la aplicación práctica del lenguaje, y en esa mezcla súbita e inexplicable de elementos dispares logra su afán de belleza. Vale la pena que exploremos el concepto de estética en la poesía, un día de estos.

Entonces, pensemos algunos de los elementos dispares del lenguaje que la poesía utiliza a su favor; existen aquellos de la abstracción física, tales como la escritura misma (el orden en la página, la caligrafía, la diversa acentuación -sea convencional o no-, los arcaísmos, los neologismos, regionalismos o extranjerismos), como su sentido (las contradicciones, los  oxymoron, las transformaciones, las alegorías, las metáforas, los juegos de palabras, el metatexto), su contexto (histórico, social, artístico, religioso, profético) o su acompañamiento (música, imagen, escultura, danza, varias voces, incongruencia entre lo dicho y lo escrito, improvisaciones). Hay docenas o cientos de variantes a cada uno de estos elementos, con lo cual la poesía se ampara de un sinúmero de armas lingüisticas para su creación. Ya en este momento puede alzarse la genuina duda de si la poesía no es acaso un dominio más grande que la literatura misma, si acaso no son la misma cosa.

Y bueno, por su amplitud dar cuentas del fenómeno poético es arduo, por no suponerlo imposible, requiere mucha más discusión que la breve -y simplificada- introducción que he decidido darle hoy, especialmente si uno considera que he hablado en los términos más generales y poco he comentado de la práctica poética. En toda evidencia se requiere más de un día mundial de poesía al año.

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