La historia de dos ciudades

20 Mar

Tengo la nostalgia de la ciudad, y no solo desde que vivo en el campo. La nostalgia la tengo desde siempre y se debe, se quiere, por la ciudad misma. Cuando suelo escribir de Paris pienso innevitablemente en esa nostalgia, de algo que no estamos viviendo en ese instante -una experiencia muy parisina-, de los edificios que se alzan y permanecen como árboles muertos, y los recuerdos, muchos ajenos, de los sitios que visito.

La ciudad como cementerio y como literatura. No he fatigado imágenes ni sentimientos en lo que la urbanidad respecta, entiendo que no soy el primero ni seré el último y que en la ciudad encuentro mi límite. Un hombre que no ha vivido la civilización está en otra manera de vivir que es incomprensible para nosotros, por extensión el escritor es un vicioso ente de ciudad, como las palomas de basurero que se alojan en las fábricas abandonadas. ¿Qué extraigo de esto? La falta de dioses del asfalto, o mejor dicho, el exceso de estos. Nadie vive la misma ciudad que otro, por lo tanto nuestros mitos tan varios no pertenecen a nosotros. Acaso una asociación de intelectos nunca ha estado más lejana en universos tan distintos que corresponden a la misma ciudad. O acaso la amistad que no tiene tiempo ni urbanidad tampoco tiene protocolos definidos por espacio y tiempo.

Y pienso en la amistad, que quizás es la manera franca en que uno se relaciona con las ciudades. Una complicidad con altas y bajas, mundana, a veces caprichosa. ¿Por qué la amistad no es el tema mayor de toda literatura? Tal vez porque es evidente, debido a que uno puede ser desdichado en amor y volverse una enciclopedia, pero no podría tirar una página digna si no creyera en la amistad. ¿Qué es un lector sino un habitante de nuestra urbe? ¿un cómplice de nuestras intimidades?

Caminar por ciudades es uno de mis hobbies más placenteros. Si uno se acerca al mar, a cualquier mar, divisa al mismo dios intemporal que ha acompañado a todos los hombres costeños. Si uno está en una ciudad, en cualesquiera, siempre ve la misma amalgama de mortales. Como el oceano es intemporal, las ciudades están fraguadas de muerte, podrían ser esqueletos y no sería menos evidente. Llevan las marcas de vidas invisibles, y en esto también se parecen a la literatura. ¿Por qué la ciudad de nuevo? ¿por qué la ciudad siempre? Me acuerdo que Panesi argumentaba la invención de la literatura como hija del capitalismo, una proposición en principio burguesa y con valores que serían los de esta clase. ¿No es igual de cierto que sería hija de la ciudad? Que la literatura en su concepto vigente no es otra cosa que la urbanidad nueva. Baudelaire hace suSpleen,Poe no duda en inventar el policial que tiene su fundación en la relación urbana de distancia interpersonal, de aislamiento de cada uno. Tal vez estoy yendo muy lejos y confundo literatura con narrativa. Económicamente es la columna vertebral de la literatura, solo que no sabría convencerme de que en su centro, debería considerar la economía una función mayor del sistema. Estamos suponiendo precisamente, que la urbanidad es el modelo que obligó a la burguesía a transformar sus concepciones económicas, básicamente presumiendo que la sociedad no es un sistema tanto de clases monetarias sino uno que depende de su comunicación. El neoliberalismo capitalista es antes que nada un fenómeno de discurso: la facilidad de replicar no solo objetos de manera masiva, sino de informar prácticamente a tiempo zero. No es de nuevo tanto flujos de dinero y de poder, sino la dinámica de estos, su diálogo, su intercambio. Lo que es en la ciudad sus metros, sus avenidas y sus centros sociales.

Por mucho la ciudad produce más historias de las que podemos describir, y  para los intercambios de internet no podemos decir menos. La ciudad comienza la transformción prodigiosa de un sin fin de información sin sentido, porque el sentido presupone una evaluación exterior, un observador que no puede ser sino divino dentro del sistema. Informaciones que no son de razón e inteligencia, sino que son de la inercia misma que las guía, que van hacia todo sitio sin arte ni enseña. Que sobreviven pues. La ciudad antes de ser una manera exitosa en que se organiza una sociedad es una sucia y putrefacta forma de supervivencia donde todo se vale. La miseria de la urbe no es miseria. Hay en ella un artificio.

La literatura solo alcanza a ser su nostalgia, porque no hay manos suficientes que la produzcan. No hay cartografos que reediten un mapa vigente de todo lo que vive, tenemos tan solo la calca original, que no deja de ser una ficción de su propio género.

Y hay ciudades que son tan grandes que dan vértigo. Y hay personas que no podrían desearlas de otro modo.

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