Del siglo y del blog

19 Mar

Hice antes el anuncio de que algunas explicaciones sobre este blog habían de ser dadas. Es momento de proponer algunas respuestas.

Tengo una historia de interés literario un poco intempestiva y diforme, alguna vez renegué cualquier uso bello de la palabra, fuera poesía o prosa, y cualquier manera de estudiar ambos procesos. Ya ven ahora, estoy convertido en un intelectualillo de mierda de esos que rondan las aulas turbias de la UBA -me refiero a Puan-, tomándose un café. (Mi declaración, espero, no ofenderá a nadie)

La verdad es que una carrera como escritor no se me figuró siempre como un ideal fijo y deseable, pero en algún momento lo abordé con seriedad y desatino, poniéndome a redactar antes de saber qué. Y bueno, el proceso continúa, una voluntad extraña me magnetiza a esto de las letras y la verdad, tengo un plan elaborado pero destinado a fallar del cual este blog es parte. Soy muy dado a fustigarme con planes elaborados y necios, pero no me pesa bastante el olvidarlos. Y es por eso que me tienen aquí, en internet, aquí, de nuevo en Francia.

Quiero escribir. Un primer conflicto fue, primero leer mucho del siglo pasado, documentarme en viejos autores e historias no del todo vigentes con la literatura de hoy. Se puede hacer un argumento de que el escritor de antes era mejor -ciertamente el oficio era distinto-, pero no se puede hacer nada para que yo exista “antes”. Soy un escritor reciente, aún verde, si se quiere; y mi vigencia depende de como encararé realidades que me serán presentadas y acaso nadie se ha enfrentado nunca. Tengo una visión de la escritura: Quiero iluminar y abrir paso para los que vienen, que mi referencia rompa alguna barrera, como un bebé al nacer, quiero darle vida a algo incluso cuando a mi obra la coman las polillas. Y no se puede ser un innovador si se vive en el siglo pasado.

No discutiré de historia literaria. Discutamos el presente y la sombra de una forma amenazante y prometedora para toda actividad humana: Internet. Si bien descreo de los siglos como unidad medidora del avance humano, doy cierto crédito a clasificaciones generales que no se fundan en error. El siglo XIX fue el siglo de la literatura y de la ciencia, por un lado el hombre comenzó a dominar los materiales y ser capaz de construir una vida que respondiera al ritmo artificial de su trabajo, la escritura por su lado comenzó a debatir sobre las maneras de pensar y polemizar los avances que el mundo proveía. Un gran hallazgo literario de ese siglo: La prensa (era válida aún entonces la visión de ésta como un “cuarto poder”). El Siglo XX: El siglo de las ideologías, la omnipresencia del materialismo dialéctico, los conflictos de clases sociales, el racismo, el fascismo, las super potencias y el fin del mundo; todos estos fenómenos de pensamiento ofuscaron el valor que la ciencia había ganado en el sentido de “avance humano”, la interrogante que se comenzó a postular es hacia donde va el susodicho “progreso” -Octavio Paz lo discute hasta el hartazgo en los Hijos del Limo y en otras tantas obras donde incurre en definir la esencia de la modernidad-. Ya sabrá usted, informado lector, que la ciencia se atasca porque el poder económico de las naciones no se decide a comprometerse con avances no “privatizables” de sus investigaciones, en Europa cada vez hay menos investigación, casi toda proporcionada por farmacéuticos o informáticos que limitan la ciencia a la victoria de una practicidad inmediata.

Queda el siglo XXI. Mi primera apuesta para este siglo -en el cual mi vida profesional se desarrollará-, es que se tratará del siglo de la Comunicación. El discurso más que nunca será decorticado, enviado y reproducido; tal progreso -que el final del siglo XX ya ha comenzado a fomentar-, termina por tomar las fibras de la lengua y la literatura, acaso para darle algún rol en la cuantiosa discusión. No espero que este aspecto “comunicacional”, domine más que la primera mitad del siglo que nos concierne, pero nunca se sabe que avances o atrasos propondrá la historia -que solo avanza y en el peor de los casos se “retrasa”-. Ya vemos como la discusión dominante en varios países es el uso irresponsable de los medios de comunicación, de los monopolios informáticos, de que no hay manera alguna de que el periodismo sea el “cuarto poder”. El periodismo y el deporte, como tales -su concepción inicial hace un siglo o dos-, ya no existen. Es probable que la literatura siga esa misma muerte.

No puedo pues, sino tratar de entender en la medida de mis conocimientos y virtudes, cómo la marea de la información y de la historia terminará por develar sus acontecimientos. Solo es seguro que la apuesta es el experimento, que un escritor de hoy día no puede tratar de estar en contacto con su época si no hace un mínimo esfuerzo de entender cómo internet y el discurso están transformando nuestra historia. Mi primera tentativa -seria- de abordar este conflicto, es tratar de concebir un blog, una presencia interrogante en línea, que estire sus tentáculos y trate de capturar hilos sueltos, y acaso destruirlos o contaminarme, como las ciudades que Verhaeren vislumbró alguna vez.

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