Tela de juicio

13 Mar

La entrada antepasada la dediqué a reformular una historia ya clásica que corresponde a la tradición griega y aborda el tema siempre controvertido de la pintura. Mi reescritura, como cualquier otra, expone y desarrolla elementos distintos a la original, cuya existencia concreta -con su idioma, su contexto y modismos- me es desconocida. Estoy utilizando aquella historia como ejemplo y me he permitido, para este fin esclarecedor, volverla otra historia. Algo puedo comentar de ella.

No resulta del todo actual el paradigma pictural que Zoji y Parjasio representan, como ligados a dos tipos de artistas que existen y pueden perseguirse por la historia. El pintor griego era antes que nada un imitador, de la naturaleza. De aquí que la maestría de Zoji se logra formando un objeto natural (las uvas) que engaña a la naturaleza misma (el ave).  Su rival hace una réplica modelando un objeto que existe (caminando antes de correr, nuestro narrador no medita sobre pintores de objetos inexistentes o imposibles, aquello saldría del arte griego de la época), pero uno fabricado por el hombre y que engaña al hombre. Desarrollemos este punto.

Parjasio pinta una cortina. La maestría del artista supera al ojo de otro conocedor, aunque se tratase de una réplica inferior -el ave teniendo tal vez mejor vista-, ha engañado a aquel que puede juzgar el concurso. Otra artificialidad del cuadro es jugar con la espectativa del espectador que busca un “detrás” de la cortina, sabiendo que función sirve normalmente la cortina, conociendo el contexto de los pintores y el concurso. Hay mucho de truculento en el ejemplo de Parjasio, uno podría discutir que Zoji podría en ciertos casos superarle. Ya hemos dicho que un cuadro que parece oculto es también como pintar acerca de la actividad de pintar, de las cortinas que cubren las pinturas, de la espectativa de ver. El truco y el ingenio de Parjasio nos son mostrados a sabiendas como embustes que pueden verse como “menos fieles a lo real”.

Indaguemos exactamente por qué Parjasio, que se aleja de una visión del arte en que la imitación es la maestría, es mostrado como el ganador y pintor superior. Es válida la duda, técnicamente una cortina -que no vemos-, podría ser menos viva, con menos color y maestría de la tela que una pintura de fruta.  Voy a proponer dos hipótesis como soluciones a esta exigencia.

El objeto de Parjasio no es menos perfecto pues ha engañado al sentido humano, pero a su vez no ha sido solo cuestión de forma sino ingenio, ha manifestado en su obra una verdad que le corresponde a la pintura; es en efecto, como ya he dicho, un juego de la espectativa, un truco que puede sonar barato, pero tiene algo de iluminado. La dedicación pasiva a imitar la naturaleza solo puede comprometer al arte hasta un cierto nivel, para que el artista se glorifique en su propio ingenio y con sus propios medios, se requiere, forzosamente, pasar por algún truco.

Me inclino a pensar esta reflexión falsa por el simple hecho de que “apesta al siglo 20”, quiero decir, se funda sobre valores modernos que han hecho que las obras de arte reflexionen sobre si mismas, de su manera de producción y que se valore altamente la elegancia y el atino de estos reflejos. No, los griegos antiguos no premiaban estos intelectualismos; sería más verosímil pensar que el ser humano es superior a todos los animales y simplemente engañar al hombre será una prueba superior de valor. Eso suena a reflexión antigua.  (El aguzado lector nota que los elementos que mencioné existen en la lectura, y que esta multiplica y enriquece el texto existente aunque sea sobre una base falsa; maliciosamente dirigida, mi lectura buscaba sonar a blog literario)

Mi segunda hipótesis es tal vez más original: No nos importa la calidad y fidelidad que un hombre tenga frente a un animal, ni si los elementos fascinan al hombre (algo escondido) o a la bestia (lo evidente).  Nos importa que de cierta forma el resultado del concurso está arreglado, al menos en el sentido de que no hay juez neutro que lo otorgue. Zoji declara al vencedor. ¿Lo declara en bases honestas? Podría ser que el pintor, al verse engañado y por no pasar como bruto, cediese la victoria para guardar apariencias. Pero este Zoji suena mesquino, y el buen griego no nos ha hecho nada para tachar de necio su caracter. Más bien pensemos en este rival dentro de su calidad de artista, pensemos que se trata de alguien que puede apreciar los juegos y los artificios que Parjasio ha hecho pintando un objeto no convencional. Es un juicio de artista.

¿Un transeunte ateniense apreciaría la belleza de la cortina que Parjasio muestra más que la fruta de Zoji? Si se trata estrictamente de un terreno neutral, ¿la discusión estética tomaría giros intelectuales como lo hacen nuestras divagaciones? Difícilmente. El reconocimiento de un artista entre los artistas parece prevalecer con más importancia, el cuadro de Parjasio puede pensarse, si se necesita caracterizarlo, como una pintura para pintores. Y sería propio de la mentalidad griega, pensar que tal vez el hombre no es superior al animal, pero un artista si es superior a un simple mortal.

Tal vez esta arrogancia haga pensar también al arte moderno.

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